jueves, 24 de enero de 2008

La tregua. (relato corto)



por Alfonso Ter.



Habrían pasado ya diez minutos desde que el chico llamó para pedir un taxi que lo llevara de vuelta al hotel. Diez minutos que se sintieron tan largos como los meses que transcurrieron sin que estos enamorados se vieran, pero a la vez tan rápidos como el más furtivo de sus besos. Ante la inminente despedida, resolvieron no decirse nada con palabras; guardaron silencio, y dejaron que sus ojos hablaran por ellos, aderezando sus palabras con caricias. Se escribieron indecibles poemas sobre su piel que desaparecían cuando sus dedos avanzaba poco a poco grabando verdades indelebles en sus corazones.
Todos dormían ya en la casa de la chica. Se sentía una atmósfera de sopor misterioso, como si dentro de ese cuarto el tiempo hiciera un esfuerzo por no correr, por otorgarles una tregua para que pudieran vivir al menos una fracción pequeña del futuro que nunca sería. Era el preámbulo de su separación.
El sonido de una bocina interrumpió el sueño de la chica. ¡No podía creer que se había quedado dormida! El chico la saludó dándole los buenos días. - Ya es hora - Le dijo, incorporándose del sillón de la sala que compartió durante los últimos minutos con ella. Después de veinte minutos la tregua había terminado. El chico tomó sus cosas de la mesa, cerró la libreta en que le dibujó su casa y las partes más importantes de su vida a la chica. Ella le dijo que guardaría esos dibujos como un tesoro. El sabía que a pesar de todo y pasado un tiempo, esa libreta terminaría dentro de un cajón. Bajaron las viejas escaleras con cuidado, para no hacerlas crujir. A cada peldaño, la fortaleza iba avandonando a la chica, pero ella no quería dejarse vencer. No quería manchar con lágrimas ese momento.
Abrieron la puerta y el aire frío les dio la bienvenida mientras cruzaban el pequeño jardín de florecillas rosadas. El chofer esperaba dentro del taxi. El joven dio media vuelta y miró a la chica con la cara empapada en lágrimas, sabiendo que había llegado el momento de la despedida. - Me prometí que no iba a llorar - Dijo la chica con su peculiar acento que era sólo el indicio de todas aquellas cosas que a la larga los separarían por completo. El chico dio un paso y la rodeó abrazándola con el más sincero de sus abrazos. Sabía que era muy posible que no volviera a verla, ni a estar tan cerca como para percibir su aroma y la suavidad de su dorado cabello. Sabía que ese paso se convertiría en un continente entero, imposible de ser surcado de nuevo. Al soltarla, las lágrimas brotaron como provenientes de una fuente. Querían decirse algo, expresar todo lo que habían dejado guardado, querían atreverse a todo, aunque ya no tuviera caso. - Te amo - Se dijeron de modo casi simultaneo, mientras el chico daba un par de pasos en dirección al auto, sin quitar la mirada de esos dulces ojos que ahora luchaban por no ahogarse con las lágrimas. - Hasta luego - Dijo el joven de el modo más sincero, y supo que todo volvería a la normalidad. Que ese tiempo tan bello quedaría atrás. Que con el paso de los días, esa chica ya no lo esperaría a él en el jardín, sino que saldría a recibir gustosa a alguien más. Sabía que ella volvería a decir ese "Te amo". Subió al carro, lanzó una última mirada, y mientras el vehículo avanzaba, deseaba que algún día alguien más le dijera a él esas palabras de nuevo.

lunes, 21 de enero de 2008

iLuvU *

Control + N y pido suerte.
Tecleo un nombre y le doy Enter.
Con el Random apareces
entre miles de perfiles.

Click derecho para verte
con mucha más privacía.
Me concedes el encuentro
en tu centésima visita.

Mi puntero en tu mejilla
te digita una caricia
en respuesta a tu mirada
de dulce policromía.

Control + C y creo poseerte.
Control + V y ya te he hecho mía.
Control + P para besarte
y darte al fin la bienvenida.

@lfonso_Ter


[*] Ah qué bello es el idilio digital!
Y qué baratas son sus rosas!!!! :D

[ @--'--- x 12 = iLuvU ]

>> "El original y genuino poeta de la net!"
Gracias vecina Martier! :D

viernes, 18 de enero de 2008

Nudo corredizo.

Si en verdad me conocieras
perdonarías mis rarezas
y no dirías que te he olvidado
pues sabrías que no es así.

Te aferrarías a los recuerdos
de los días que han pasado
y del tiempo que te he dado
sólo por verte feliz.

Y si quisieras ir más lejos
pensarías en los momentos
en que te he necesitado
y no has venido a por mí.

Verías que aunque guardé silencio
y me sentí avandonado
me aferré a nuestro pasado
y te di lo mejor de mí.

Pero si no logras ver esto
ni lo nuestro, ni el pasado
y con rencor me haces pedazos
¿Qué más te puedo decir?

Pues si en verdad me conocieras
no repararías en mis ofensas
ni dirías que te he olvidado
y no tendría por qué escribir.

Alfonso Ter

miércoles, 16 de enero de 2008

Tras el delirio.

¿Llegará el día en que nos despedacemos
junto con todas aquellas dulces palabras?
¿Como por ola repentina olvidaremos
con el chasquido de la carne violentada?
¿Será posible que tras amarnos deseemos
quemarlo todo, quemarnos vivos por venganza?
Quizá ese día descubriremos
que la vida de las promesas no es muy larga.
Y después renunciaremos
a crear de nuevo vida con dos almas.
Y quedarás tú
y lo que deje de tí.
Quedaré yo
y lo que quede de mí.
Tras el delirio
me diré que sigo vivo...
aunque ya no sea así.
No volverá a ser así.

Alfonso Ter

martes, 15 de enero de 2008

Cartas a nadie: Soneto *

Mi muñeca aun sigue atada
tras no poder hacer nada
por sortear la última sílaba
de ese verso que inspiraste.

Trato de ser positivo
y creo que te soy esquivo
o que el rastro has perdido
de las migas de mi alma.

Mi ilusión sigue aferrada
tras esa corazonada
propulsora de palabras.

Ahogo en tinta tu vacío
y sorteo las marejadas
que tú aun no me has escrito.

Alfonso Ter

[*] El primer intento de soneto que consigo terminar.

lunes, 14 de enero de 2008

Fragmento de nada. *

¿Qué es lo que piensas de mí
cuando me ves pelear
con los demonios dentro de mí?

¿Por qué aun sigues aquí?
Todos se han ido ya.
¿Qué es lo que has visto en mi porvenir?

Alfonso Ter


[*] Este par de estrofas han rondado mi mente largo rato. No sé si se trata de un poema, o del coro de otra canción mutista, o de un mero simulacro. Es posible que lo descubra en estos días.

lunes, 7 de enero de 2008

Desnudo. *

Una a una se apagan las luces que antes seguí.
Poco a poco la obscuridad gana terreno dentro de mí.
Mientras pendo del hilo que se fue tejiendo con lo que creí,
y se va desgastando con ésta duda que cada día crece en mí.

Y yo estoy aquí desnudo ante tí.

Me has quitado la máscara que usé para poder existir
y me muestras lo que nunca nadie pudo ver de mí.
Mientras pendo del hilo que se fue tejiendo con lo que creí,
y se va desgastando con ésta duda que cada día crece en mí.

Y yo estoy aquí desnudo ante tí.

Alfonso Ter

[*] "Desnudo" realmente es la letra de una canción que escribí junto con mi amigo Diego (el cual hizo la música) hace cuatro años aproximadamente, aunque la letra por si sola no podrá nunca hacerle justicia a la canción original. La posteo ahora porque, curiosamente, cuando la escribí no reflejaba el momento que me encontraba viviendo. Ahora la historia es muy diferente. El texto me alcanzó después de un tiempo.

domingo, 6 de enero de 2008

Ensayo sobre el hambre.

¿Qué hay tras la esperanza? Aquello de lo cual la esperanza humana es su mera sombra, esto es, la verdad.

Déjame explicarlo más claramente.

El hambre, la capacidad de degustar, la debilidad causada por la hambruna, el placer al comer, todos estos, se deben al hecho de que la comida existe, y a su estrecha relación con nuestra sustentabilidad. En un sentido, el tener hambre (un hambre física, no conceptual), este primer nivel de vacío, de deseo de satisfacción, de capacidad y necesidad para satisfacerlo, nada sería, incluso no existiría si la comida no existiera en nuestra realidad. Pero como existe y parte de nosotros se debe a ella, la esperamos. El hambre (moderada o desesperada en tiempos de guerra) es esa esperanza (en una metáfora muy vaga).

Si no hubiera comida, el hambre no existiría.

La comida -siguiendo esta misma línea de pensamiento-, es una imagen de otra cosa más grande, viene a ser su sombra. El comer es la sombra patética de la saciedad, una que es inalcanzable en el plano terreno, dado que siempre debemos de seguir comiendo para vivir. El estado alcanzado al saciar nuestra hambre sólo permanece por un momento, largo o corto, que nos hace saber de manera velada lo que se siente estar en independencia; ser humano inmortal con la panza llena.

Ese conocimiento de inmortalidad -que es muy vago-, nos remite a una verdadera inmortalidad total del individuo. Una inmortalidad que se nos presenta como un mero esbozo, como una sospecha, como un deseo que se traduce en el 'nunca volver a tener hambre'. De ahí se desprende la existencia del principio verdadero que sustenta el hambre en si: “El hombre, en un plano ajeno a este, será saciado para siempre”. Esa es la verdad.

La espera en pos de ese momento eterno es lo que hay escondido tras cada bocado.

Alfonso Ter

martes, 1 de enero de 2008

Poema de noviembre.

I

Navegué toda la vida en un mar de ojos esquivos
de mentes silentes y voces de muerte.
Anduve entre polvo y arena que eran yo mismo,
perdido y vacío con un hambre perenne.
Con mi corazón ahogado por las lágrimas que caían,
pesadas, junto con mis viejos dichos
que en momentos congelados flotaban marchitos
hablando de una vida solitaria
desgarrada por la huída.

Busqué con mis manos asirme de algo;
callar con caricias mi canto doliente,
y beber de otras bocas el fluir de mi fuente
buscando entre muertos al dueño de mi nombre.
Tras mil brillos fugaces de embriaguez insolente
y entre bailes menguantes de entrega inconsumable.
Me vi vacío, me vi inconstante, de frente a mí mismo
dentro de esos ojos que decidieron mirarme.
Y animaron a una boca a pedir un poema
que no estuviera hecho de figuras etereas.
Movieron unas manos, no para buscar otro cuerpo
sino un corazón hablante que confesara en silencio:
"Yo también lo siento".
Formar así una complicidad explícita
en pos de una búsqueda que no pueda borrar ni el cansancio ni el tiempo.
Te hallé a tí, y ansiosa inquiriste de vuelta diciendo:
¿Qué hay de aquella persona que antes habitó tu cuerpo?
¿Qué fue de aquel viejo amor que fulgente alumbró tu sendero?
¿Qué hay del pasado y de todas sus flores
dignas hoy de alegrías inconsumibles entonces?

Confesé confrontado que hablé apasionado
de la gloria inherente a una guerra invisible.
Que proferí voces de vida de tierras lejanas
las cuales aun no ha conocido mi mente.
Que me vestí de arquetipo de piadoso imbatible,
de valiente en campaña que lucha por la perfecta causa.
Confesé con vergüenza que inspiré a millares
con vivas palabras que en mi ya eran historia.
Pues mi pasión fue quebrada,
mi inocencia abusada
y mi amor descarnado con inocua violencia.
Confieso que mi batalla no la perdí por la fuerza,
sino por el miedo insondable que tras la victoria me asecha.
Confieso que dentro de este mar fulminante
temo encontrarme con la perfecta presencia;
Compromiso absoluto de amistad incorrupta
que es crisol para el alma que ante tí se desnuda.


II

- ¿Qué fue del poema que una vez me contaste?
Tu certera pregunta incendió mi lumbrera;
- El poema aun arde.
Destruí el rostro de niño tratando de sofocarle.
Con mis palmas desnudas quise destronar la llama,
y tras ser malherido intenté no mirarla.
Mientras mi sombra interna engullía al paraíso
dado como dominio a este pobre mendigo.
- El poema aun arde.


III

A pesar del dolor y del paso del tiempo
no ha dejado de iluminarme.
Esa luz muda que me cantó versos de consuelo,
llenos del amor, que trajo una paz increíble
siguen estando tras todo el peso y el dolor
que su ausencia ha llegado a causarme.
La luz no ha cambiado
y a pesar de que destruí con mi duda
el delgado hilo que la sostenía
esta aun se encuentra suspendida
en medio de mis internas alturas.
Sigue siendo hoy como faro en la lejanía
que no deja que su torre sea vista.
Es esa porción de estrella perfecta
brillante, increíble
como el destello en el ojo de la bestia temible.
- El poema aun late.

Y ahora guarda un silencio que no logro explicarme
pues sé que el dolor y las dudas
cosa nula serían si la luz llegara a apagarse.
Moriría mi esperanza
cesarían las palabras
y mis pies ya no desearían ir en pos de tierras lejanas.
Aquí, sería todo.
Hoy, sería todo.
Yo, sería todo.
Mi corazón se haría pequeño
para poder abrazar esto poco que tengo
y sentirse contento.
Sólo... si la luz se apagase.
Pero no lo hace;
sigue ardiendo, expectante...
pero aun no logro comprender qué es lo que espera,
qué es lo que temo que pase.
Sigue alimentando mis sueños
y mi fe que en momentos parece acabarse.
Sigue dando sentido a mi vida
a pesar del modo fútil en que yo la dirija.
- El poema aun late.

Alfonso Ter