miércoles, 25 de noviembre de 2009

Besos vacíos.

Tengo unos besos vacíos
que guardo dentro de una cajita. 
Son tan delicados y finos
que tiemblan cada que intento abrirla. 
A veces, cuando la soledad arrecia,
con sumo cuidado tomo un beso 
y lo coloco dentro de una taza. 

Antes posé estos besos en mis labios
pero se despedazaron al menor contacto. 
Por ello decidí infusionarlos. 

El beso se disuelve en el agua tan rápidamente 
que parece nunca haber existido. 
Espero un minuto
mientras se eleva el aroma que me invita a tomar la tibia taza. 
Solamente basta un sorbo para darle vida, 
una gota para que me bese su delicia.
Necesito de tan poco para llenarme de su esencia,
pero lo que realmente necesito es su presencia.

La oquedad del recuerdo es la resaca de ese beso,
que se escapa evaporado diluyéndose en el cielo.

Quedo yo,
queda la taza
y mi cajita llena de besos.
Queda mi amor
y la esperanza
de que una nube llueva hasta tu casa
para que una gota victoriosa
se pose en tu boca
y así darte un beso.
Alfonso Ter.