miércoles, 3 de junio de 2009

Esa silla.

De poder cariño, te diría mi nombre,
te contaría una historia que jamás olvidarías.
Crearía un cisne con tu endeble servilleta
que alegremente en tu cabello nadaría.

De poder cariño, danzaría sobre tu mano
al compás de improvisadas melodías.
Volarías entre nubes de café amargo
que mis besos de sacarina endulzarían.

En verdad cariño, al final entenderías
que las horas que veríamos transcurridas
serían el inicio del resto de nuestras vidas.

Hallarías tu dulce nombre en mi mirada
tras dar un sorbo a esa taza que se enfría,
de ser yo el ocupante de esa silla.

Alfonso Ter

1 comentario:

Anónimo dijo...

sin palabras (lo digo todo)