martes, 2 de diciembre de 2008

Cartas a nadie: Adios.

Y ahora de la nada
me dices que estás feliz por mí.
Que pensaste que no podrías,
que te sorprende incluso de tí.
Y con tus palabras me felicitas
siendo que meses antes
no te atreviste a decir nada,
ni a arriesgar nada
por intentar ahora tú enamorarme a mí.

Ahora que encontré a alguien nuevo
me declaras lo que hace tiempo deseé escucharte decir.
Pero entonces no hiciste nada, y dejaste pasar tantos momentos
que deliberadamente dejé que pasaran así.
Sin estar juntos me dejaste nuevamente,
y nuevamente me duele ver que me dejes ir así;
sin exponer nada, sin arriesgarte a nada,
tras tus inocuas palabras que te brindan paz solamente a tí.

Me odio porque veo que para tí no merecí nada,
puesto que al verme perdido no viniste a por mí.
Te excusaste a tí misma para suturar tu herida
y no reparaste en haberme herido a mí.
Fui un imbécil por no quemar la esperanza,
y no echarme el cerrojo
que te mantuviera a distancia.

Pero ahora que veo que no has de entregar nada,
destruyo el deseo y toda pequeña cosa que haya quedado de tí.
Me bordearé con ladrillos de condesendencia,
y no volverás a tener certeza de mí.
Tú obtuviste tu paz con cobarde destreza,
bien... yo obtendré la mía desterrandote al fin.

Alfonso Ter