que se extiende vibrante
entre el tiempo y el espacio
que ya no compartimos.
Veo la sombra de su risa
y el indicio de aquel día
en que derrumbaron mis murallas
con un té desconocido.
Casi puedo oírlos
y siento tontamente que me miran
como hicieron otros días.
Y los extraño inutilmente
porque sé que volver no es su fuerte:
Iniciada su marcha
las ráfagas del tiempo
seguirán soplando
hasta separarnos completamente.
Los veo viejos
y me doy cuenta
que de nuevo han madurado.
Virtud suya el seguir su camino
proyectando gracilmente
el gozo por seguir siendo humanos
y lumbrera en mi destino.
Veo sus fragmentos
e imagino que soy yo el que los habita.
Pienso que son los cuartos
de una casa de papel;
la copia fiel de esa mansión
que se extiende cada que caminan.
Esa morada que no me pertenece
cuya pieza no me es propicia
pero que se antoja mucho más
que la totalidad de mi vida.
Alfonso Ter

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